|
El 22 de mayo se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad en el Año Internacional, declarado por Naciones Unidas para celebrar la diversidad de la vida en un planeta que estamos descuidando.La amplísima variedad de seres vivos sobre el planeta es el resultado de miles de millones de años de Evolución de la Naturaleza, pero también de la influencia -cada vez mayor- del ser humano y sus actividades.
Durante la llamada Cumbre de la Tierra de Naciones Unidas realizada en 1992 se reconoció la necesidad de preservar la diversidad biológica, al tiempo que el ser humano progresa. No es una lucha para ver quién gana. Si pierde una parte, perdemos todos. Somos parte de la Naturaleza así que, en definitiva, se trata de cuidarnos.
El 22 de mayo de 1972 se aprobó el Convenio Internacional sobre la Diversidad Biológica. De allí que luego la ONU decidiera que ese día se celebrara en el mundo el día de la Biodiversidad. Este año, además, fue declarado como Año Internacional de la Diversidad Biológica.
En este blog, en el que suelo escribir sobre temas relacionados con la astronomía y la física, también abordo otros relacionados con el medioambiente de esta tercera roca desde el Sol. En lo profundo, las razones son las mismas: allí afuera, en el Sistema Solar, la Vía Láctea y más allá hay una Naturaleza extraordinaria. Su sabiduría no puede más que generarnos asombro y curiosidad de saber más, de conocerla. Pero no hacen falta telescopios para obtener esta sensación. Ciertamente tenemos los microscopios para ver la vida más diminuta, tan llena de vida como el macrocosmos. Pero incluso sin esa posibilidad, podemos palpar, saborear, olfatear y ver la vida florecer a cada instante, en cada rincón impensado del mundo. La ciencia ficción ha imaginado seres alienígenas de distintas formas, colores y tamaños, pero la realidad supera ampliamente a la ficción. Los océanos, selvas y bosques están repletos de especies únicas y maravillosas.
Este hermoso cuadro que a algunos invita a la poesía y otras formas de arte, y a otros les genera hambre de conocimiento, es un cuadro que estamos despintando. Existen razones de peso, y de distinto calibre, para que tomemos conciencia del daño que nos estamos inflingiendo, a veces en nombre de un mal entendido "progreso" y otras veces por desidia o ignorancia.
Podríamos abordar el aspecto funcional o sistémico de la diversidad biológica. Es un punto de vista que me surge naturalmente, quizás porque soy analista de sistemas. Si tenemos un sistema cualquiera, pensemos en la computadora que seguramente el lector tendrá cerca, y se descompone o deja de existir un componente, puede que durante un tiempo el sistema funcione, aunque cada vez lo hará peor que si estuviera completo. Es necesario que cada parte cumpla con su rol para que el todo funcione.
Como si esto fuese poco, al dañar los ecosistemas, no sólo estamos dañando una parte, sino debiltando muchas. Entre ellas, a nuestra propia parte. El empobrecimiento de la diversidad biológica es también una pauperrización de nuestros recursos alimentarios, farmacéuticos y energéticos.
Puede parecer "menos malo" el aspecto teórico científico, aunque, algunos lo valoramos mucho también. Me refiero a que con cada especie perdida, también estamos perdiendo partes de un rompecabezas que todavía no terminamos de armar: entender científicamente la evolución de la vida, con sus intrincados recovecos.
Pero quisiera detenerme en otro argumento, mucho más simple, más...natural si se quiere, más ético: la vida exista en la Tierra desde antes de nuestra aparición. ¡Estamos matando a nuestros ancestros!
¿Qué hacer entonces? El ciudadano de a pie poco puede cambiar en el todo, pero tenemos nuestra parte. Generar conciencia es importante porque iremos exigiendo a quienes tienen el poder de decisión que se preocupen por el tema. Debemos tratar de generar el menor impacto posible en la Naturaleza. La sola existencia del ser humano implica una interacción inevitable, pero eso no significa que, si realmente somos seres inteligentes, podamos progresar con respeto a la Natura.
Podemos hablar sobre el tema. Hablar significa que el asunto nos preocupa, que queremos saber más, que deseamos hacer algo, que no nos podemos quedar cruzados de brazos. Cuando las sociedades quieren realmente, pueden. Pero es, normalmente, a través de los legisladores y funcionarios públicos donde debemos buscar el mayor impacto. Son, en definitiva, quienes dictan las reglas de cada Estado. Por supuesto, también debemos pedir a las empresas privadas que actúen no sólo pensando en la rentabilidad económica, sino con responsabilidad social y ecológica. El ejemplo que más a mano tengo es la lucha contra el tabaco. Hasta hace no más de 30 años el tema no existía directamente. Hoy, tres décadas después, hasta parece mala palabra hablar de "humo".
Así como en el tema del calentamiento global y en el asunto del uso de la energía, que aquí comenté oportunamente, existe una inercia en estos temas que impide solucionarlos con rapidez. Lleva tiempo, esfuerzo mancomunado y consistente. Y, lamentablemente, no parece existir una voluntad tan férrea, como si la tenemos en otras áreas.  FUENTE: noticiasdelcosmo.com |