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| Hace 77 años nació Carl Edward Sagan |
| INTERESANTE - INTERESANTE |
| Miércoles, 09 de Noviembre de 2011 07:53 |
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9 de noviembre de 2011 En este nuevo recuerdo de Carl Sagan, que murió hace catorce años, un renombrado científico planetario y colega (y antiguo estudiante de Sagan) recuerda las inmensas contribuciones de Sagan a la investigación planetaria, la comprensión pública y el movimiento escéptico.Carl Sagan era el científico más conocido en el pasado siglo XX, sirviéndonos como guía a los planetas durante la época dorada de la exploración del Sistema Solar. Fue un visionario y un comprometido defensor del pensamiento científico racional. Sagan murió el 20 de diciembre de 1996, cuando sólo tenía 62 años, y se le ha echado mucho de menos en la pasada década. Además de mi propio conocimiento y comprensión sobre sus contribuciones científicas y escépticas, he hecho un uso extensivo de dos excelentes biografías narrativas de William Poundstone (1999) y Keay Davidson (1999). Poundstone ce centra más en la ciencia de Sagan, Davidson en su historia personal. Ninguno de los dos, sin embargo, enfatiza su papel como escéptico. gan fue propulsado en su carrera pública y académica por su enorme talento, buena suerte, y en una intensa fijación en llegar al éxito. La búsqueda de su vida era comprender el Universo, especialmente nuestro sistema planetario, y comunicar la emoción del descubrimiento científico a otros. Profesor por naturaleza, amaba explicar cosas y nunca hizo sentir estúpido a nadie por preguntar. Aunque Sagan tenía unos intereses intelectuales amplios, el objetivo de su carrera dejaba poco tiempo para otras actividades: no jugó al golf ni seguía otros deportes, no cocinaba ni hacía fotografías, cantaba o tocaba algún instrumento, ni pertenecía a ninguna iglesia o sinagoga. Sus dos primeras esposas se quejaron de que dedicaba poco tiempo a sus matrimonios o sus hijos (Davidson 1999). Se centró en los objetivos de su carrera, y de esta forma el mundo se enriqueció. A muchos científicos les gustaría ser capaces de comunicar al público sus descubrimientos. Sin embargo, pocos se convierten en expertos en explicar temas técnicos en términos que sean comprensibles rápidamente por el público de a pie. Incluso pocos están dispuestos a tomarse el tiempo de contestar pacientemente las preguntas de los periodistas, sentarse para la aplicación de maquillaje en apariciones televisivas, o devolver las llamadas de los reporteros puntualmente aún cuando interrumpa una comida o un experimento de laboratorio. Tal vez les gustaría ser grandes comunicadores, pero carecen de las habilidades y el compromiso. También reconocen que los premios académicos generalmente van a los mejores investigadores, mientras que sólo hay honores limitados a la excelencia en la enseñanza y menos aún para la comunicación pública. Sagan era diferente. Reconoció sus virtudes como profesor y comunicador y decidió hacer de ésto los aspectos principales de su carrera. Nacido en 1934, Sagan creció en un bario judío de clase obrera de Nueva York y asistió a escuelas públicas de Nueva York y Nueva Jersey. La Universidad de Chicago le proporcionó una beca de ayuda cuando entró en 1951, y continuó allí durante su trabajo de graduado, recibiendo su doctorado en Astronomía en 1960. Tras dos años como profesor posdoctoral de Biología en Berkeley y Stanford, se unió a la Facultad de Astronomía del Harvard College como Profesor Asistente. Al denegársele un puesto en Harvard, Sagan se marcho a la Universidad de Cornell en 1968, trabajando como Profesor de Astronomía David Duncan y Director del Laboratorio de Estudios Planetarios hasta su muerte en 1996. InvestigaciónAunque es más conocido entre el público como comunicador, Sagan se distinguió primero como investigador científico. Sus logros en investigación facilitaron el que sus compañeros académicos lo aceptasen como portavoz de la ciencia. Sagan amaba el proceso de investigación, especialmente cuando estaba combinado con la exploración de nuevos mundos. Como a menudo apuntaba, sólo una generación tuvo el privilegio de crecer cuando los planetas y sus lunas no eran más que tenues puntos de luz en el cielo nocturno, y verlos emerger como mundos únicos con sus propias historias geológicas y tal vez incluso biológicas. Sagan ayudó a definir dos nuevas disciplinas: la ciencia planetaria y la exobiología. Como principal consultor de la NASA, también ayudó a trazar la exploración del Sistema Solar con astronaves. Con conocimientos tanto en Astronomía como en Biología, Sagan trajo una amplitud de miras única a los nuevos campos emergentes de la ciencia planetaria y la exobiología. En la época en que recibía su doctorado, su director de tesis Gerard Kuiper reconoció que “Algunas personas trabajan mejor especializándose en un programa principal de laboratorio; otras son mejores relacionando ciencias. El Dr. Sagan pertenece al último grupo” (en Davidson 1999). Sagan fue una “persona de ideas” y un maestro de los argumentos físicos intuitivos y los cálculos “aproximados”. Normalmente dejaba a otros los detalles, y la mayoría de sus publicaciones fueron colaboraciones. Gran parte de este trabajo estuvo hecho con estudiantes, muchos de los cuales se convirtieron ellos mismos en líderes de las ciencias planetarias. En mucho de su último trabajo, incluyendo el famoso artículo TTAPS sobre el invierno nuclear (más sobre esto más adelante), su nombre aparecía el último en una lista de autores. A lo largo de los años 70 y en los 80, también editó la revista profesional más destacada de ciencias planetarias, Icarus. Las primeras investigaciones importantes de Sagan trataron de la atmósfera de Venus. Los descubrimientos en radioastronomía hechos cuando estaba en el curso de posgrado sugerían que este planeta tenía una superficie muy caliente, en contraste de las primeras especulaciones sobre que el clima de Venus era más similar al de la Tierra. Parte de la tesis de Sagan consistía en el primer modelo invernadero para la atmósfera, en el cual la opacidad en el alto infrarrojo del dióxido de carbono y vapor de agua producían temperaturas de superficie de cientos de grados mayores de las que habría en el mismo planeta pero sin aire. Durante la década de los 60 mejoró estos modelos, trabajando principalmente con su antiguo estudiante James Pollack, para desarrollar y refinar lo que permanece hasta hoy como comprensión básica de la atmósfera de Venus. Marte era otro planeta que interesó a Sagan, y con Pollack modeló la atmósfera y desarrollo la idea, más tarde verificada por la Mariner 9 y la nave Viking, de que los cambios cuasi-estacionales observados en la superficie eran el resultado del soplo del viento sobre el polvo. También escribió una serie de artículos sobre Júpiter, centrándose en la química orgánica atmosférica. Desde su niñez, Sagan había estado inspirado por el misterio del origen y distribución de la vida. Esta pasión le llevó a estudiar Biología y desarrollar colaboraciones con biólogos de renombre como Stanley Miller, y los galardonados con el primero Nobel Joshua Lederberg y George Muller. En los inicios de su carrera, recibió más aliento por parte de estos biólogos que de los astrónomos, muchos de los cuales consideraban que los estudios planetarios caían en el borde de la ciencia respetable, y que la exobiología quedaba aún más allá. Un número de sus primeras publicaciones fueron sobre exobiología, y en varias ocasiones especuló sobre la vida no sólo en Marte sino también en Venus, Júpiter, e incluso la Luna. A pesar de incrementar su papel como escéptico científico, se permitió a sí mismo darse el gusto en esta amplia especulación, hasta que sus ideas terminaron dentro del reino de lo posible. Sagan fue también uno de los fundadores del interés internacional en SETI, la búsqueda de inteligencia extraterrestre por microondas, aunque él mismo no llevó a cabo ninguna búsqueda. NASA valoró las contribuciones de Sagan a la exploración espacial de los planetas durante su “Época Dorada” (aproximadamente 1960–1990). Fue miembro de equipos científicos seleccionados para las misiones Mariner 2, Mariner 9, Viking, Voyager, y Galileo, entre otras. Con su mente rápida y su amplia visión, siembre fue un contribuyente bienvenido en el plan de las sesiones y en la interpretación “a primera vista” que seguía a la primera recepción de los datos de las naves. Su antiguo estudiante Clark Chapman escribió en 1977: “Un hombre con una vívida imaginación, mantiene vivos una amplia variedad de conceptos de entornos planetarios. Sugiriendo a menudo extravagantes alternativas y retando a los tradicionalistas a que las refutaran, ha inspirado dudas sobre muchas teorías aceptadas. El papel de Sagan es esencial para una ciencia saludable ya que el efecto de “subirse al carro” lleva frecuentemente a un consenso prematuro entre los científicos antes de que se hayan considerado alternativas igualmente plausibles, y mucho menos rechazadas racionalmente”. La propia excitación de Sagan con el proceso del descubrimiento científico queda reflejado en la siguiente cita (Sagan 1973): Incluso hoy, hay momentos en los que lo que hago me parece un improbable y excepcionalmente agradable sueño: estar involucrado en la exploración de Venus, Marte, Júpiter, y Saturno; intentar duplicar los pasos que llevaron al origen de la vida en una Tierra muy distinta de la que hoy conocemos; aterrizar instrumentos en Marte para buscar vida; y tal vez estar ocupado en un serio esfuerzo para comunicarnos con otros seres inteligentes, si es que están allí, fuera en la oscuridad del cielo nocturno. Comunicador y escépticoAl mismo tiempo que construía una bibliografía envidiable (que creció hasta 250 páginas al final de su vida) y un récord de estudiantes exitosos, Sagan también estableció una creciente reputación como comunicador de la ciencia. Su aspectos juvenil, voz resonante, y capacidad para explicar conceptos científicos de forma que las personas corrientes y estudiantes pudiesen entenderlos hicieron de él un profesor popular y un conferenciante público. Logró galardones por docencia en Harvard y Cornell, e incluso en las épocas más ocupadas de su vida intentó mantenerse en la docencia de estudiantes universitarios. En 1966 logró por primera vez una modesta atención nacional con su libro (junto con el astrónomo ruso I. S. Shklovskii) Intelligent Life in the Universe (Vida inteligente en el Universo). Al siguiente año, Sagan escribió un artículo optimista sobre el potencial de la vida en otros planetas para National Geographic, y realizó algunas breves apariciones televisivas. Ya estaba claro para algunos que Sagan encontraría un papel más amplio que el de investigador académico, una preocupación que probablemente contribuyó a la denegación de su plaza por la Universidad de Harvard en 1967. Los estudiantes lo adoraban, pero a algunos colegas les molestaba lo que percibían como un autoengrandecimiento y satisfacción hacia el público. Al contrario que Harvard, la Universidad de Cornell estaba buscando profesores con potencial para el estrellato, y le proporcionaron a Sagan una cátedra y el sólido trampolín académico que necesitaba para su futuro ascenso hacia la fama y la fortuna.
Carl Sagan con Immanuel Velikovsky en el debate de la AAAS en 1974. Todas las fotos son propiedad de David Morrison.A lo largo de su carrera, Sagan se dedicó a la búsqueda de mejorar la comprensión pública de la naturaleza de la ciencia. Quería que cada ciudadano tuviese un “detector de chorradas” como defensa ante los farsantes del comercio y la política así como en ciencia. Sentía que era tarea de los científicos encarar estos temas de forma clara y pública. En The Cosmic Connection (La conexión cósmica) (1973), incluye extensas discusiones sobre vida extraterrestre así como una astronomía y ciencias planetarias más convencionales, e incluso explora el fenómeno OVNI y los escritos del pseudocosmólogo Immanuel Velikovsky. Sin embargo, Sagan se opuso a las tácticas que menospreciaban las creencias pseudocientíficas o atacaban a la religión, rechazando (por ejemplo) firmar una declaración contra la astrología debido a su tono autoritario. Su interés en los falsos conceptos sobre ciencia le llevaron a organizar dos simposios públicos sobre temas en el límite de la ciencia en reuniones de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). Ambos podría decirse que trataban temas científicos reales, no casos de fraude o extremismo religioso. El primero de los simposios de la AAAS en 1969, trató de la realidad de los OVNIs Como muchos científicos de su generación, en el instituto, Sagan había estado atraido por la idea de que los OVNIs podrían estar visitándonos. En la AAAS, J. Allen Hynek y James McDonald defendían los estudios OVNI mientras que Sagan, Donald Menzel, y Lester Grinspoon atacaron esta postura. Los proponentes de ambos lados del tema eran científicos, aunque tomaban aproximaciones muy distintas a la interpretación de los anecdóticos informes de los avistamientos OVNI. (El tema de las abducciones alienígenas o contactos directos con extraterrestres, que desde entonces se ha convertido en algo común, no era un tema en aquel momento; el simposio de la AAAS se centró en la interpretación de las luces en movimiento en el cuelo y las señales de radar anómalas.) Los proponentes de los OVNI argumentaban que incluso aunque no hubiese avistamientos individuales sobre el cual hacer un caso convincente de nave extraterrestre, el gran volumen de informes justificaba el examen y estudio continuado. Por el contrario, Sagan enfatizó la falta de fiabilidad de los testigos, la ausencia de pruebas físicas de OVNIs, y explicaciones alternativas incluyendo alucinaciones y autoengaños. Apuntó que “no existen casos que sean simultáneos y fidedignos ( informado de forma independiente por un gran número de testigos) y muy exóticos (no explicables en términos de fenómenos postulados razonablemente)”, y aplicó un estándar escéptico que a menudo se asocia con su nombre: afirmaciones extraordinarias requieren niveles extraordinarios de pruebas o evidencias. El simposio de 1974 de la AAAS, sobre el trabajo de Velikovsky, era más arriesgado, dado que el mismo Velikovsky fue invitado a hablar bajo el patrocinio de la AAAS, algo que se tomó como una vindicación. Aunque Sagan promocionó el simposio, en realidad fue organizado por el historiador Owen Gingerich y los astrónomos Ivan King y Donald Goldsmith. La tesis de Velikovsky sobre catástrofes globales causadas por numerosos encuentros planetarios en tiempos históricos era indefendible científicamente pero había atraído un gran seguimiento popular. Al contrario que en el simposio sobre OVNIs, no había científicos que defendiesen esas ideas, publicadas en su libro de 1950 Worlds in Collision (Mundos en colisión descartado por Sagan [1973] como un “romance especulativo”). El anciano de 77 años Velikovsky sen enfrentó en persona a sus críticos. Keay Davidson (1999) describe el simposio en parte como apología de Velikovsky por previos desaires de astrónomos, y en parte un esfuerzo por asegurar al público el pensamiento crítico básico de la ciencia. La confrontación del patriarcal Velikovsky y su joven y descarado crítico fue un conflicto de egos por ambas partes. Sagan afinó sus comentarios, publicados en forma extendido en Scientists Confront Velikovsky (Los científicos se enfrentan a Velikovsky Goldsmith 1977), principalmente para el público y periodismo científico. Según la mayoría de las cuentas él fue el ganador con gran diferencia. Mucho gente acredita este debate como el inicio del fin del culto a Velikovsky, el cual se reduce hot a un puñado de oscuros excéntricos. Sin embargo, el papel de Sagan le valió ganarse la enemistad de los que apoyaban a Velikovsky. Si mayor pecado era su falta de respeto por el anciano, quien rechazó firmemente aceptar ninguna modificación a sus puntos de vista de por entonces una antigüedad de un cuarto de siglo. La crítica de Sagan a Worlds in Collision también fue castigada por los seguidores de Velikovsky por su fallo en dirigirse contra todas sus afirmaciones, y por algunos descuidados cálculos que nunca fueron corregidos en los comentarios publicados por Sagan. Este simposio ha sido analizado extensivamente (por ejemplo, Bauer 1984), y aún eleva preguntas sin respuesta sobre las formas más efectivas de rebatir a los pseudocientíficos. Escenarios similares se repiten hoy con los científicos que debaten contra el creacionismo y el diseño inteligente. A veces me pregunto si Sagan se habría aventurado en esta cueva del león, y de hacerlo cómo habría sido un debate entre él y, digamos, el creacionista Duane Gish. Ambos simposios de la AAAS tuvieron una alta cobertura mediática y contribuyeron a un creciente reconocimiento público. Un nuevo empuje llegó en 1973 con la publicación de The Cosmic Connection (La conexión cósmica), descrito en Science (Hartmann 1974) como “treinta y nueve genuinas excelentes conversaciones de sobremesa con de Sagan”. Este descripción era más precisa de lo que el crítico pudiese haber pensado. Este libro, como todos los de Sagan, fue dictado. Al crear sus libros y artículos populares de esta forma, Sagan desarrolló simultáneamente sus habilidades únicas como orador y escritor. En sus conferencias, los oyentes quedaban impresionados por sus frases cuidadosamente construidas, y por la forma en que sus charlas (pronunciadas sin notas) estaban tan bien organizadas. El dictado resultó ser la forma perfecta para Sagan de organizar sus pensamientos y desarrollar su estilo de prosa a la vez. Esto le permitió “escribir” mientras que viajaba o paseaba por la playa, y nunca necesitó aprender a escribir a máquina. También le permitió derivar múltiples valores del mismo material, habitualmente enviando sus mensajes en distintas conferencias, escribiéndolo para el artículo de una revista (para tales como Parade), y usarlo como base para el capítulo de uno de sus libros. The Cosmic Connection ayudó a abrir la puerta a un medio para el que Sagan parecía destinado: la televisión. En noviembre de 1973, fue invitado a aparecer en el popular programa de televisión Tonight Show con Johnny Carson (él mismo un escéptico). Guapo, elocuente, con actitud informal, aunque discutiendo con gran entusiasmo de ciencia real (y a menudo llevando las últimas imágenes de las misiones de NASA como Viking y Voyager), cautivó tanto a la audiencia como a su anfitrión. Durante los siguientes trece años, Sagan apareció en The Tonight Show veintiséis veces. No importa lo presionado que estuviese por sus otras obligaciones, siempre estaba dispuesto a tomarse un respiro y volar a Hollywood para Carson. El lo consideraba como “la mayor aula de la historia”. En enero de 1974, Time hizo de su portada un artículo sobre la vida en el Universo, en el cual llamaba a Sagan “el principal abogado y el tábano perenne de la exploración planetaria”. Unas semanas más tarde Sagan publicó un artículo en TV Guide, la revista de mayor tirada de los Estados Unidos. Sagan estaba de pronto en el candelero, recibiendo atención de los medios normalmente reservados a unos pocos y selectos ganadores del Premio Nobel. En agosto de 1976, Newsweek puso su cara sonriente en su portada, un extraño elogio para cualquier científico. La descripción de la imagen afirmaba: “A la edad de 42, Carl Sagan se ha convertido en el principal portavoz y vendedor de la nueva ciencia de la exobiología, la búsqueda de vida extraterrestre. Presionando políticamente en Washington, apareciendo en programas de televisión, e impartiendo clases en Cornell, está construyendo un fresco soporte para el programa espacial y completa sus propias fantasías de encontrar vida allí fuera”. Dos años más tarde, recibió el tributo final para un escritor científico, al ganar en 1978 el Premio Pulitzer en la categoría de Ensayos Generales por su libro sobre el cerebro humano, The Dragons of Eden (Los dragones del edén). Sagan fue miembro fundador del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones Paranormales (CSCIOP). CSICOP se originó en 1976 en parte para dirigir la atención de la reprensible explotación mediática de las supuestas maravillas paranormales. (Siempre fue de gran ayuda para CSICOP y SKEPTICAL INQUIRER, y participó como principal portavoz en dos conferencias de CSICOP, Pasadena en 1987 y Seattle en 1994, cada una de las cuales llevó a un artículo principal en SI: “The Burden of Skepticism” (La carga del escepticismo), Otoño de 1987, y “Wonder and Skepticism” (Asombro y escepticismo), enero/febrero de 1995. La propia contribución de Sagan se centra menos en las críticas a los medios y más en la creación de noticias, usando los medios con habilidad para informar y entretener con la ciencia. Prefirió un acercamiento positivo, hablando sobre lo que era correcto más que exponiendo los errores ajenos. El hombre espectáculo de la cienciaA finales de los 70, entre las misiones Viking a Marte y el anticipado encuentro la Voyager con Júpiter, Sagan decidió probar la capacidad de la televisión para llevar la ciencia a una audiencia masiva. En asociación con el ingeniero y empresario Gentry Lee, un colega de las Viking, formó Carl Sagan Enterprises y comenzó el márketing de una nueva serie de televisión usando el ejemplo de Ascent of Man (El ascenso del hombre) de Jacob Bronowski. Desarrollaron un guión, recaudaron varios millones de dólares como apoyo, y contrataron al director de Bronowski, Adrian Malone. Al mismo tiempo Sagan se enamoró locamente de Ann Druyan, con quien trabajaría estrechamente el resto de su vida. Él y Annie se mudaron a Los Ángeles, y comenzó la producción en la Televisión Pública KCET en 1977 de una serie de 13 horas llamada Cosmos.
Sagan con su colega Toby Owen en el JPL en 1976, examinando las recientes imágenes orbitales de la Viking sobre Marte. Sagan y Owen jugaron papeles clave en la decisión de los lugares de aterrizaje de las naves Viking.Su compromiso con Cosmos finalmente eclipsó el papel académico de Sagan. Sus clases fueron canceladas, y varios estudiantes graduados que había llegado a Cornell para trabajar con él escogieron en su lugar a otro tutor. Sus colegas se quejaron y hubo un esfuerzo por dejar su laboratorio fuera del Edificio de Ciencia Espacial de Cornell. En Los Ángeles, el conflicto entre Sagan y Malone casi desbarata todo el esfuerzo de Cosmos. Cosmos salió al aire en septiembre de 1980. acompañado de un esfuerzo promocional que superó cualquier otro anterior en la televisión pública. La mayor parte de las críticas fueron entusiastas, y de pronto Sagan se convirtió en una celebridad. La serie ganó el Premio Peabody, y finalmente más de 400 millones de personas vieron Cosmos en docenas de países de todo el mundo. El libro que lo acompañaba, también llamado Cosmos, estuvo entre la lista de más vendidos del New York Times durante veintisiete semanas y lo hizo además de famoso. En octubre de 1980, Sagan apareció en la portada de Time, metiéndose en el “océano cósmico”. Time lo describe como el
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En este nuevo recuerdo de Carl Sagan, que murió hace catorce años, un renombrado científico planetario y colega (y antiguo estudiante de Sagan) recuerda las inmensas contribuciones de Sagan a la investigación planetaria, la comprensión pública y el movimiento escéptico.



